Colegio Ágora de Morelos

LA INTERVENCION DE LOS DOCENTES EN EL DESARROLLO EN LOS ALUMNOS DEL GUSTO POR LA LECTURA

06 Feb 11 - 19:39

La lectura de la buena Literatura, además de estimular el goce estético, contribuye activamente al proceso de socialización de los alumnos, con vistas a su futura participación activa en la vida adulta como ciudadanos comprometidos con una cultura de la paz. Aprender a convivir es, precisamente, la mejor forma de garantizar esa “paz social”, que implica la aceptación de los otros -por diferentes que sean-, la manifestación de comportamientos -y no solo de actitudes- tolerantes y solidarios, y el esfuerzo por poner lo mejor de uno mismo al servicio de los demás y en beneficio del bien común; y, en esta línea, puede inscribirse la necesidad de recuperar para el aula la lectura de aquellas obras que, perteneciendo ya a lo que podríamos llamar 'literatura intemporal' -sea o no la que los currículos oficiales preceptúan-, colaboran en la formación no ya de una sensibilidad estética, sino también -y acaso sobre todo- de una conciencia moral y en el desarrollo de unas actitudes profundamente humanas.

Por otra parte, es evidente que no se puede disfrutar adecuadamente de una obra sin entenderla: la estética culterana o la surrealista, por ejemplo, nos han legado textos de extraordinaria belleza, cuyas dificultades de interpretación han puesto a prueba a los más exigentes críticos literarios; sin embargo, el entendimiento cabal de un texto hace que pueda disfrutarse con mayor intensidad, al trascender el simple conocimiento del mismo. Y, para ello, es necesario evitar lagunas significativas por desconocimiento de los vocablos; penetrar en el contexto histórico de dicho texto, profundizando en las relaciones entre Literatura y Sociedad; y afrontar su referente estético en el ámbito de la tradición literaria. Y estas son tareas que incumben al profesor, responsable último -no nos cansaremos de repetirlo- de ayudar al alumno a desbrozar cuantas dificultades pueda encontrar en la interpretación de un texto, de forma tal que, al comprender lo que lee desde una perspectiva racional, pueda llegar a valorarlo desde una perspectiva anímica.

La lectura de una obra cualquiera de nuestra tradición literaria -tanto más si se trata de una 'obra clásica' exigirá, por tanto, del docente cuanto menos una triple tarea: allanar continuamente cuantas dificultades léxicas pudieran entorpecer la cabal comprensión del texto -y, en este sentido, tales dificultades léxicas serán cuidadosamente abordadas y resueltas con claridad y la necesaria capacidad didáctica-; referirse de manera permanente a las relaciones entre Literatura y Sociedad, para soslayar, así, la presencia de “problemas de interpretación” que pudieran derivarse del desconocimiento del contexto histórico-social y cultural en que la obra está inserta; y, vincular dicha obra con las corrientes estéticas en que se inscribe, evitando así que el general desconocimiento de la tradición literaria y de las tendencias estéticas se interponga entre la obra y el lector. Y, de esta forma, el docente irá acomodándose a la “idiosincrasia lectora” de cada uno de sus alumnos y, poco a poco, logrará que sean ellos mismos quienes se acerquen a las obras literarias en función de su formación cultural, escala de valores, gusto y aficiones...; y que el hábito lector se convierta en un valor añadido en el desarrollo armónico de su personalidad.

 

SEMANA DE LA LECTURA EN   8  AL  12 DE FEB DEL 2011



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